Llueve, por fin llueve. Casi habíamos olvidado lo que era llover. Es una lluvia tranquila, fina, de la que “cala” y no te enteras. Calabobos para muchos, orvallo para otros y chirimiri para algunos... cuantos nombres para unas gotas de agua tan finas y pequeñas que casi ni se percibe, pero que mojan.
Con la falta que hace el agua deberíamos empezar a cambiar la expresión de “que día tan bueno hace” cuando es soleado. Hoy hace un día buenísimo. De nada es un día triste. La luz es grisácea, tamizada, pero con embrujo.
A lo mejor soy muy raro, pero hoy es uno de esos días en los que me apetece pasear. Caminar bajo la lluvia. Deambular con mi gabardina, bajo mi paraguas, sintiendo caer el agua. Oyendo chapotear los charcos bajo mis pasos.
Hoy hace un día precioso y si a todo eso y con un poco de suerte esta cayendo en la cabecera de las montaña, espectacular.
Miro por la ventana y sigue lloviendo. Me estimula para seguir trabajando. Llueve y con lo que nos está cayendo en nuestro país te hace pesan eso tan infantil de “que Virgencita mía que me quede como estoy”.
En pocas horas se abre la campaña electoral. Y eso me hace preguntarme, y ¿todos los mítines de días anteriores que eran? ¿No era campaña electoral?. Bueno será que yo no entiendo de politica, a fin de cuentas no soy político.
Cuando oigo a los líderes de los partidos políticos no puedo que por menos preguntarme: ¿de verdad se creen lo que nos dicen?, o mejor, habría que preguntarse ¿de verdad se creen que nos creemos lo que nos dicen? ¡Cuan lejos del mundo están nuestros políticos¡
Y sigue lloviendo, afortunadamente, y nuestro políticos prometiéndonos construir el país que todos soñamos. A lo mejor es por la lluvia, a lo mejor es porque estoy hoy muy escéptico, me no puedo por menos que preguntarme ¿y en los mandatos anteriores, por qué no ha construido ese país de ensueño que ahora prometen? Será porque la memoria es muy frágil y saben que dentro de poco nos habremos olvidado de las promesas y todo volverá a la rutina. Será porque en el fondo todos sabemos que son palabras “vacías”.
Político, de latín politicus, y este del griego πολιτικóς, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, en su acepción quinta dice: “Dicho de una persona: Que interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado”. No me queda claro, sigamos buscando:
1. adj. Perteneciente o relativo a la doctrina política.
2. adj. Perteneciente o relativo a la actividad política.
Creo, en este punto que me he perdido. Pero sigamos:
3. adj. Cortés, urbano.
A ver, si no entiendo mal, según esta tercera acepción, un político es alguien cortés, urbano. Es decir, tú y yo. Pues nada, mañana voy a reclamar mi remuneración como político activo de este país. Pero creo que no va a ser posible.
Sigamos leyendo porque creo haber encontrado la acepción que me puede ayudar a entender que es un político:
9. f. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo.
Eeeeh, todos. Todos somos políticos. Si no entiendo mal y después de buscar en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, ahí queda eso, políticos somos todos. Entonces que diferencia hay entre esos que salen en televisión y nosotros. Tal vez su sueldo, que todos pagamos; sus prebendas, que todos soportamos... cual será la diferencia.
(Dos horas después)...
¿Cuál será la diferencia?.... EUREKA. Creo haberlo resuelto. Si todos somos políticos, y así lo define la Real Academia de la Lengua, la deferencia está en ser amateurs o profesionales... ¡anda ya! como los ciclistas.
Yo soy político amateur y los “otros” profesionales. Pues no está claro. Eso me hace replantearme muchas cosas... Jamás volveré a hablar mal de un político, vaya que de alguna manera (amateur) me salpique.
Y todo esto mientras llueve. Mientras cae un ligero calabobos para muchos, orvallo para otros y chirimiri para algunos. Imaginaros el día que caiga una tormenta de lo que soy capaz.
Hasta ese día...
Fotografias y/o Texto: Antonio G.G.



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